La inflación acumulada en 2025 fue la más baja desde 2017, pero el aumento del índice en diciembre y la persistencia de presiones de precios ponen en duda que las metas oficiales de desinflación se cumplan en el corto plazo
El último dato de inflación de 2025 confirmó una caída significativa en los precios acumulados en el año, con un registro de 31,5%, el más bajo desde 2017, tras dos años de niveles extremadamente elevados.
Sin embargo, lejos de ser una señal definitiva de tranquilidad, los números de diciembre sorprendieron al alza. El índice de precios al consumidor (IPC) registró una suba mensual de 2,8%, la más alta en varios meses, lo que intensificó las alertas entre economistas y agentes de mercado sobre la persistencia de la inflación.
Expertos señalan que este resultado refleja un fenómeno conocido como inercia inflacionaria: a pesar de que el dato anual fue bajo en comparación con los últimos años, muchos precios —como los de servicios, alimentos y tarifas reguladas— aún se ajustan con base en aumentos previos y acuerdos salariales, lo que dificulta una desaceleración sostenida.
Un factor adicional que complica las lecturas mensuales es la introducción de una nueva metodología del IPC en 2026, que otorga más peso a ciertos rubros persistentes en el índice, especialmente los servicios. Esto sugiere que los próximos datos deberán interpretarse con cautela y no necesariamente implican una reversión del proceso de desinflación en curso.
Desde el punto de vista del mercado, la aceleración de diciembre actuó como una señal de que la transición hacia tasas de inflación más bajas no será lineal ni inmediata. Las metas oficiales de reducir la inflación a niveles muy bajos en 2026 enfrentan, por tanto, un desafío adicional en un contexto donde la presión de precios subyacentes —aun con un índice general menor año a año— sigue siendo elevada.
Fuente: Ámbito Financiero/INDEC